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El punto débil del apostante

La mayoría de los hombres que juegan su dinero terminan perdiendo a largo plazo ya que no saben administrar su dinero. Con asiduidad, el jugador aumenta su banca gracias a una buena racha de partidas o a las buenas cuotas que ofrece, ocasionalmente, su casa de apuestas. Pero hay que tener en cuenta que ésta sabe perfectamente que dichas ganancias desaparecerán en unas pocas semanas por la negativa gestión financiera del apostante medio.

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El jugador profesional no derrocha sus ingresos después de una buena racha, sabe hacer tiempo hasta que llega su oportunidad, y practica un perfecto registro de su dinero. El jugador medio, que tradicionalmente posee buenas comprensiones a la hora de realizar pronósticos, despilfarra tarde o temprano sus dividendos, y comienza a apostar con más frecuencia y en mayores cantidades a causa de su euforia creciente. En consecuencia, su capital acaba acrecentando las arcas de la casa de apuestas. Por esto hay que pensar que una correcta planificación económica es imprescindible.

Sistemas planificación

En los casinos hay varios sistemas de apuestas. Estos son fundamentales para los usuarios para desempeñarse de la manera más apropiada. Los más conocidos por todas las personas son el Martingale, las apuestas en serie, y el método de Kelly. Los dos primeros incluyen algunas que otras mentiras, mientras que el último que se mencionó es poco útil en la práctica. Sin embargo, poder comprenderlos aumentará la perspectiva del apostante.

Martingale

Esta estrategia está pensada para la ruleta y la aplicación del mismo es de alto riesgo, ya que se basa en doblar la apuesta cada vez que se pierda o volver a la apuesta de salida, en el momento en el que se gane.

Un ejemplo puede aclarar el panorama de aquella persona que no tenga un conocimiento acabado sobre esta cuestión. En el comienzo se apuestan 100 euros. Si la fortuna no acompañó se tiene que arriesgar 200 de la misma moneda. Si aún persiste la mala suerte, el número que se destinará será de 400. Hasta aquí ya se han depositado 700 euros. Pero si resultamos ganadores, se duplicará la última apuesta y ganaremos 800 euros. Esto significa que la ganancia será el primer capital invertido.

Hasta aquí parece infalible esta forma de juego. Sin embargo, hay que pensar que las casas de apuestas contrarrestan esto al limitar la máxima apuesta o la ganancia máxima. Esa es la única cuestión que hay que meditar antes de sentarse a jugar.

Las siguientes son una lista de las complicaciones que se pueden presentar:

La limitación del dinero: La cantidad de dinero que el jugador tiene disponible para jugar no es ilimitada, debido a que la casa de apuestas controla esa situación. Allí, es cuando la eficacia del método se convierte en una ilusión.

Crecimiento geométrico: Cuando se comienzan a doblar todas las apuestas se empieza a producir un incremento en la cantidad que se está jugando. Si se pierde con mucha frecuencia esto puede ser muy negativo. Si un hombre atraviesa una mala racha de ocho partidas tendrá que apostar 256 veces la cantidad inicial. En ese caso se tendría que apostar 25.600 euros para ganar tan sólo 100.

El papel del azar: El jugador que aplica el Martingale cree tener un completo control de juego. En esta explicación hay que volver a la situación anterior en la cual un participante pierde ocho veces seguidas.

Aquí se puede pensar que es un plan inteligente, pero la realidad determina que el importe de su apuesta fue determinado por la suerte. El Martingale no es un verdadero método de planificación, sino que se trata de una manera de permitir que su juego se establezca a través del azar.

Apuestas en serie

Esta técnica tiene su origen en Alemania y es parecido al Martingale. Aquí las apuestas se incrementan de manera lineal y no geométrica, por esto el riesgo se reduce considerablemente. La ilusión del participante es la misma que en el Martingale ya que se piensa que un método de planificación superará al azar.

Método Kelly

Todos los sistemas que están basados en la progresión de las cantidades a apostar están condenados al fracaso, aunque en ocasiones la percepción nos diga lo contrario. El Martingale, el método de apuestas en serie o cualquier otro método imaginable, acaban inevitablemente en la quiebra.

Una técnica conceptualmente distinta es el planteado por el matemático americano John L. Kelly, debido a que toma en consideración las posibilidades de cada resultado y, al menos desde el punto de vista teórico, el sistema es coherente.

La teoría de Kelly permite determinar la cantidad óptima a apostar en un evento si se conoce la probabilidad exacta de que el evento ocurra:

Porcentaje = Probabilidad -(1-Probabilidad)/(Cuota -1)

Porcentaje se refiere a la cantidad a apostar, como % de la banca de la que dispone el jugador, la misma se calcula a partir de la probabilidad estimada del evento y de la cuota del mismo. Puesto que se apuesta una fracción del dinero total disponible, el método de Kelly evita pérdidas trágicas y, al contrario que el Martingale, tiende a reducir las cantidades a apostar cuando se pierde y a agrandarlas cuando se gana, lo que equivale a una organización económica verdaderamente racional.

El inconveniente de la fórmula de Kelly es que las probabilidades deben estar del lado del apostante, es decir, el jugador obligatoriamente debe ser capaz de determinar las probabilidades matemáticas de un evento con mayor exactitud que la casa de apuestas. Si el jugador sobreestima la probabilidad, entonces perderá patrimonio. Por otro lado, si se subestiman las probabilidades, se culminará ganando dinero pero sin llegar a obtener el máximo rendimiento posible.

La fórmula de Kelly enseña que, idealmente, no se debe apostar un porcentaje superior a la probabilidad del evento, al margen de cual sea la cuota del mismo. En resumen, si usted elige un evento con cuota dos, no se tiene que apostar una fracción del dinero superior a 1/2 = 0,50 (es decir el 50%); si usted elige un evento con cuota diez, no apueste una fracción de su dinero superior a 1/10 = 0,10 (es decir, el 10%), etc.

Conclusión

Si hay algo que se tiene que tener en cuenta es que en las apuestas no hay fórmulas mágicas. El jugador debe aprender a tomar sus propias disposiciones de forma racional. Quizás, las únicas guías válidas sean el sentido común y la experiencia. Cada apuesta debe responder a un propósito meditado, y nunca se debe decidir a través de un modo irreflexivo la cantidad a arriesgar. Si se observa a la inversa, hay que elegir las apuestas precipitadamente, y asumir con frecuencia que los peligros elevados son signos inequívocos de inexperiencia y exiguo autocontrol.

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Etiquetas:  Planificacion apuestas